sábado, 7 de julio de 2012

sábado, 30 de junio de 2012

EL HOMBRE COMPRENSIVO





"Und dann und wann
eine weisses Elephant"
R.M. Rilke

Siempre fue un hombre comprensivo y razonable: primero comprendió que tenía que ir a la escuela y hacer la primera comunión. Lo pasó bien, comprensiblemente.


Luego comprendió que tenía que trabajar y vender su tiempo: ajustó balances y anotó los dineros de otros, sin despistar un céntimo, razonable y comprensiblemente.

También comprendió que se había enamorado. Comprendió que tenía que hacer la revolución -por los explotados del mundo y eso-. Era razonable, había que distribuir la riqueza, la de los otros, él era razonablemente pobre.

Cambió de ciudad y de nombre; volaba por la noche, dormía de día; absorbía las palabras que emanaban de los tilos y de los olivos, y comprendió, entonces, que había encontrado un elefante blanco.

Era razonable, tanto buscar, tanto… Luego comprendió que los elefantes siempre están viajando y comprendió que debía permanecer custodiando la memoria. Era razonable, había que vigilar.

Finalmente comprendió que se había acabado su tiempo, agotó los últimos pasos que aún le correspondían y, razonablemente, durmió.

martes, 26 de junio de 2012

¡ES LA razón, ESTÚPIDO!




Aquella tarde decidió acabar con todo... y se lanzó por la ventana... y flotó como hoja de otoño...
Aterrizó, pues. Se sacudió el polvo y se fue a tomar una café con leche...
¡que cosas pasan, dios de los mortales!

lunes, 25 de junio de 2012

YO SÓLO...





Yo sólo soy un cajón cerrado lleno de fotografías viejas
abandonado en un desván
que alguien de vez en cuando visitará.

Y las fotos tal vez se iluminen y brille el nitrato de plata que las cubre.

Tal vez
algún ojo amable sepa desentrañar las imágenes atrapadas
acartonadas, un poco impostadas –como queriendo decir que no va con ellas la historia-
y sepa escuchar las historias y canciones,
tal vez
tal vez.

Y las pregone entonces, tal vez. Y el fotógrafo estará orgulloso,
y podrá reposar tranquilo,
tranquilo, tal vez, por el trabajo bien hecho.

domingo, 17 de junio de 2012

MOMENTOS ESTELARES




Decididamente está siendo un verano de lo más atroz. Siempre me ha gustado más el invierno, el frío que hace que uno se recoja, que se ponga a hacer algo... leer un poquito, cocinar unas buenas fabes... mmmmhhhh!!! ¡que ricas, con su chorizito...!!! claro, que cualquiera se pone ahora con las cacerolas o abre un libro... puff! ¡que horror!... con este calor que aplasta no puede uno ni respirar ¡pero si ni siquiera las moscas pueden volar, joder!...
Las tres y sereno... y mañana curro y yo, aqui, pensando en fabes con chorizo... ¡que veranito, dios!... sin duda lo recordaré como uno de mis momentos estelares, lo titularía "El glorioso verano de D.Gualterio" o algo así, no sé, aunque bien mirado tiene poco de glorioso, a no ser que se considere glorioso el exceso de cerveza y el abuso de la masturbación... ¡seguro! ¡no me gusta el verano, no!

Ahora que pienso, ¿desde cuándo demonios me ha gustado a mí el invierno? Pues no sabría decirlo... creo que ha sido un cambio lento, geológico ¡si, geolólogico!, me gusta esta palabrita: encierra el tiempo en una cápsula, asequible, digerible... porque lo cierto, si lo pienso bien, es que a mí antes me gustaba el verano, el calorcito, la piscina... el pollo con tomate de mi madre cuando íbamos a pasar el día en el río: puedo recordar perfectamente las peleas en la hierba con los otros chicos, con las espadas de madera... si cierro lo ojos, me invade el olor de la hierba calentada por el sol... los helados de menta, los polos de palo de pela... ¡el cine! el cine en la plaza del pueblito del veraneo... ¡ay! que paso de la geología a la melancolía y sudo más...

¿Y qué pasó, entonces? ¿dónde se me ha quedado ese gusto por el sol? ¿qué me ha hecho preferir las brumas del norte? No sé. He cambiado tantos veces de nombre, de casa, de... ¡cuanto cambio! lento, pero inexorable y constante. Y sin embargo, curioso, me considero estable, como si hubiera permanecido todo el tiempo en una sola habitación. ¿Qué puedo decir? Que no soy sabio ni ignorante. He conocido alegrías, pero eso es decir poco, demasiado poco: vivo y esta vida me produce el mayor placer. Y aunque ahora me esconda entre las brumas del norte y la cálida nieve, sigo viviendo en el mundo de los helados de menta y de las espadas de madera. Si. Veo la luz, esta luz fuera de la cual no hay nada ¿Quién puede quitarme eso, eh?

De verdad que este calor me está licuando el cerebro... dejemos la melancolía, porque al final es vacío y eso te decepciona, de verdad, que ya sé lo que es: un bosque de espinas, ni siquiera hay oscuridad o silencio. Bueno, de todas formas alguien escribió que vivir es atesorar recuerdos para poder disfrutar de ellos, o algo así, no recuedo muy bien...

... y ¿cuál es mi mejor recuerdo?  Sin duda el día en que regalaré un CD, por ejemplo de Björk, a la chica del pelo rojo un martes cualquiera. Mi mejor recuerdo será aquel en que por fin camine las playas naranjas en el Himalaya; y, así, cuando por fin desaparezca del universo como si nunca hubiese puesto un pie en él, borrado del tiempo, en ese instante, en ése, gozaré el recuerdo de haber llegado a Pekín...

sábado, 16 de junio de 2012

EL CAPITÁN PARADOJA




- ¿se ha ganado la realidad tanta desconfianza?


- ¿son galaxias las que me separan de los otros?

- ¿ayuda la tenacidad del deseo?

- ¿es mi indecisión la experiencia más hermosa de mi libre albedrío?

- ¿podría ser de utilidad en una buena película?

- zzzzz...

viernes, 15 de junio de 2012

LADRILLO METAFÍSICO - II





OJO: si antes no se ha leído el Ladrillo – 1, pues esto… en fin! Allá cada cualo…)


Unas cuantas jarras después…

- O tampoco es eso, no?

- Entonces?

- O tampoco es eso. O sea colega, el despertar de la conciencia no es en ningún caso como la salida del Sol; si acaso, se parece al laborioso encendido de una vela –de las tropecientas velas de una tarta de cumpleaños, al menos de la mía-. Al Sol nadie le toca; pero un simple soplido basta para apagar la luz de una vela - también de las tropecientas, bueno, vale, un soplido laaargo-, y todo lo que está en derredor vuelve a hundirse en la noche. Tu yo, mi yo, su yo… no son más que luces temblorosas de una vela. Al menos mientras tú sólo te mires a ti mismo. Pero, es que, mirándote a ti, no te ves ¡no te ves, colega! ¡no te ves! Ahí está todito todo el misterio de la autoconciencia -¡clama alguien en el desierto!-

- Comoooor!? Qué dices del cumpleaños o de la vela!? … o son las cinco jarras o no te pillo…

- Las cinco jarras, seguro! ¿no eran siete? Bueno, va… Veamos… O sea, que yo ¿me veo alguna vez a mí mismo en este espacio-tiempo que Dios nos ha dado? Veo las paredes, las mesas, incluso al camarero todavía; veo mi mano,, mi cuerpo serrano, pero nunca ¡nunca! a mí mismo. La conciencia en la que aflora mi yo frente a las cosas, nunca es una verdadera conciencia de mí mismo. Para verme a mí mismo, necesito al menos un trozo de espejo roto y la luz de una vela; necesito algo, sobre lo cual rebote y vuelva a mí la imagen que emito hacia el exterior. Pero incluso con ese pedacito de espejo, sólo percibiría el yo de mi cuerpo; en un pedazo de cristal muerto nunca podría procurarme la conciencia de quién soy yo mismo, en tanto que un ser consciente, libre y personal para mí mismo y para los demás. Y es que en este mundo no hay más que un único espejo en el que yo pueda reconocerme a mí mismo, y ese espejo son los otros, es el mundo mismo que me refleja y es que necesito de muchos para existir, ser unos cuantos –mejor, mogollón- para que mi conciencia sea conciencia de mí mismo…

- Pero tú eres un listillo, no? Me has metido de macuto al Castor, al Sartre ese, pasando de puntillas, sin hacer ruido alguno sobre el Manolo, el Kant… puf! Colega que mareo…!

- Pos… si! Creo que las divinas Musas se han ido a ver la tele y me han dejado, nos han dejado un poco solateras… ¡en fin! Que vamos a ver si podemos rematar nosotros solitos, sin ellas –en el fondo, te confieso, a veces me aburren con su “iluminación” y eso-… recuerda, entonces, que a partir de ahora “lo que quiero decir es mío, me pertenece por ser este individuo particular; pero si el lenguaje sólo expresa lo general, no puedo decir lo que yo sólo quiero decir” -¡he dicho!-. ¿Para qué queremos dar forma a Todo otra vez? ¿Por qué no somos capaces de asumir que no hay Fundamento y que esta ausencia de fundamento es la otra cara del gozo de vivir, eh? No hace falta irnos al “todo vale”, fascistoide por más que se diga, no?... o relativismo mentecato, tanto da; tampoco hace falta buscar un nuevo misticismo… que no, que se trata de llevar a la propia razón hasta el límite para que emerja el absurdo, mejor dicho, la absoluta inocencia y el enigma de su propia posibilidad. El no fundamento, el no lugar, no es ausencia de lenguaje ni de razón, sino precisamente el centro mismo del lenguaje y de la razón porque es ahí, en ese no lugar formal donde damos cuenta racionalmente de la alegría de vivir y la compartimos mediante el minúsculo cuerpo de las palabras…

- Pero, entonces? ¿qué me quieres decir? … Camarero! Otras dos!

- Pues te quiero decir, mon amour, que si lo vemos así, la conciencia se nos aparece como una “oscilación” ¿no te parece? Como una distancia valorativa que nos permite actuar de forma novedosa y sorprendente, pero sin dejar de asumir aquello que efectivamente hacemos o nos pasa… al fin y al cabo, lo que ennoblece la aventura de estar aquí y ahora es que, aún admitiendo el papel determinante de los hechos –incluida la propia muerte ¡toma ya!-éstos nunca, ¡nunca jamás! Tendrán más peso que el sentido que les demos…

- ¡Si señor! ¡Brindo por eso!.... Camarero! Otras dos!!! –esta la paga la conciencia, eh!-

- O acaso tampoco sea eso…..